Aunque me la trae al fresco la vida privada de los famosetes, me parece maravilloso que haya revistas y programas del corazón. Eso sí, creo que éstos deberían dejar de ser carroñeros y hacer comercio justo. ¿Comercio justo? Me explico:La vida de la gente se puede entender como un bien, y cada uno puede hacer con sus bienes lo que le dé la real gana. Así pues, si yo tengo cien kilos de patatas, por ejemplo, puedo hacer dos cosas:
- Venderlas
- Consumirlas
Un famoso puede hacer con su vida lo que con las patatas: venderla o guardársela para sí mismo. Si la vende perfecto, y si no la vende la prensa lo tendría que respetar. Hurgar en la vida de famosetes que no desean vender su intimidad es UN ROBO, UN DELITO y UNA EXTORSIÓN. Es como si a mí me obligaran a vender mis patatas o a vender mis posesiones. Si yo no quiero vender mis patatas, ¿quién se cree con derecho de entrar en mi casa y quitármelas? ¡Coño, que si me las quiero comer yo soy libre para hacerlo!
Otra cosa: ¿qué pasa si un famosete ha vendido un millar de exclusivas y de repente dice que no quiere que se entrometan más en su vida? ¿Qué ha de hacer la prensa? Pues muy sencillo: respetar y hurgar en otra parte. Es como si uno ha sido panadero durante un tiempo y de repente dice: "Estoy hasta las pelotas del pan, me cambio de trabajo". ¿Acaso podríamos ir a su casa y obligarle a vendernos más pan? Evidentemente NO.
Vamos, que el mundo rosa debería ser un negocio más y no el mundo de aves carroñeras que es. Si el famosete en cuestión quiere vender que venda, y si quiere que le respeten que le respeten. Ni más, ni menos. Ya está bien que supuestos periodistas se dediquen a robar la vida privada de gente que aprecia su intimidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario